Los creadores también se casan. Y se divorcian

Imaginemos un creador casado y en régimen de gananciales. ¿Qué sucede cuando el matrimonio se rompe? ¿Son las obras de creación objeto compartido como el piso, el coche o la cuenta bancaria? Las obras realizadas durante el matrimonio ¿tienen un valor por sí mismas y ese valor es ganancial?

El derecho de autor es un derecho único pero que comprende tanto facultades patrimoniales como facultades morales. Y la vertiente económica no pueda verse como una facultad separada y al margen del derecho moral, ya que cualquier forma de explotación de una obra requiere de una decisión previa de su autor.

Pensemos por un momento en el derecho de divulgación. El autor tiene, de forma única y exclusiva, la facultad de decidir la divulgación de su obra. Se trata de una facultad potestativa que el autor puede o no ejercer, porque solo a él corresponde decidir cuándo una obra está terminada y puede ser dada a conocer.

Los derechos sobre las obras creadas con anterioridad al matrimonio pertenecen exclusivamente al autor y los derechos morales, en tanto irrenunciables (por tanto intransmisibles), son siempre privativos, incluso los correspondientes a las obras creadas durante el matrimonio. El problema está en los derechos de explotación (reproducción, distribución, comunicación pública y transformación).

La mayor parte de la doctrina y la jurisprudencia consideran que igualmente son bienes privativos. Y para ello se apoyan en el art. 1346.5 del Código Civil que establece que serán privativos “los bienes y derechos patrimoniales inherentes a la persona y los no transmisibles inter vivos”.

Al ser la obra el resultado de una creación individual y personalísima, parece imposible separar los derechos de explotación de los derechos morales. Otra cosa distinta son los rendimientos de estos derechos de explotación, que si serán gananciales. No obstante, hay quienes no están de acuerdo con este criterio que les parece una perspectiva demasiado romántica del derecho de autor y creen que los derechos con contenido económico o derechos de explotación generados durante el matrimonio deberían ser también gananciales al igual que sus frutos y rendimientos.

En Francia, antes de la Ley de 1957, se consideraba que los derechos de explotación generados durante el matrimonio eran gananciales. Pero la Ley de 1957 fue más protectora con el autor y dice lo siguiente: “bajo todos los regímenes matrimoniales y so pena de nulidad de todas las clausulas en contrario contenidas en el contrato matrimonial, el derecho de divulgar la obra, de fijar las condiciones de su explotación y defender su integridad seguirá siendo del cónyuge-autor”. Y añade que: “los productos económicos provenientes de la explotación de una obra intelectual o de la cesión total o parcial del derecho de explotación quedan sujetos al derecho común de los regímenes matrimoniales siempre que se hayan adquirido durante el matrimonio; igual procederá con las economías realizadas con ellos”.

Todo esto es interpretado como la atribución al cónyuge-autor del conjunto de facultades, morales y patrimoniales, siendo gananciales solamente los beneficios resultantes de la explotación económica.

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