Cuando el arquitecto es el demandante

Buscar la elegancia y la audacia técnica en la arquitectura es encomiable, pero a veces habría que recordar la necesidad permanente de lo funcional.

¿Hasta dónde merece la pena arriesgar? En arquitectura se arriesga para conseguir nuevas tipologías, para lograr formas inesperadas o ensayar nuevos materiales. Pero los infortunios se repiten en los trabajos de proyectistas como Santiago Calatrava.

De Calatrava se dice entre bromas que concentra más denuncias que premios. Si bien lo cierto es que, con frecuencia, es él quien comienza el pleito. Como en el caso del Zubi-Zuri, que cruza la ría de Bilbao.

Santiago Calatrava demandó al Ayuntamiento de Bilbao y a las promotoras inmobiliarias Vizcaína de Edificaciones y Larian 95 por considerar que la pasarela que conecta con las torres Isozaki afectaba a su derecho moral a la integridad de su obra. Reclamaba que se retirara de inmediato y una indemnización de doscientos cincuenta mil euros. En el supuesto de que no se aceptara la retirada de la infraestructura, solicitaba una indemnización de al menos tres millones de euros.

Es cierto, que el Zubi-Zuri es una creación artística original que debe ser protegida por la Ley de Propiedad Intelectual. Y también es cierto (como mencionaba Santiago Calatrava en su demanda), que el derecho moral de los autores abarca cuestiones diversas, entre ellas la de exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación.

El autor no tiene el derecho a oponerse a cualquier deformación, mutilación, modificación o atentado contra la obra, sino solo aquella que suponga un perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación. Es decir, un atentado a la reputación o intereses del autor, sin alteración de la obra, no permite invocar el derecho moral a la integridad. Y a la inversa, un atentado a la obra, sin repercusiones en el interés legítimo o reputación del autor, tampoco permite esta protección.

Para determinar cuándo se produce un atentado a la reputación o intereses del autor se estará a la opinión del propio autor, de los expertos, de los círculos interesados o del público en general.

En el caso del Zubi-Zuri efectivamente se produjo una “alteración apreciable” de la obra de Calatrava con la retirada de parte de la barandilla y la colocación de una pasarela. Pero el titular del Juzgado de lo Mercantil nº 1 de Bilbao desestimó la demanda que el arquitecto interpuso contra el Ayuntamiento de Bilbao e indicó, que la institución no dedicaba la creación de Calatrava a atender un “fin privado o una necesidad particular”, sino que el Zubi-Zuri, “además de una creación artística singular susceptible de protección”, era una obra pública “que da servicio a los ciudadanos y, por tanto, satisface un interés público contrastado, el de facilitar la comunicación peatonal entre dos partes del municipio”.

Consideró también que, si se ponderan ambos intereses, el público debe permanecer sobre el privado. Y en este sentido, manifestó que si bien el derecho de autor de Santiago Calatrava es “innegable” y tiene derecho a exigir que su obra sea respetada, hay un interés público de que la comunicación entre las dos partes de la ría se haga “sin necesidad de continuas subidas y bajadas, que hacen más incómodo y dificultoso el tránsito de los peatones”.

En definitiva, el magistrado no consideró vulnerado el derecho a la integridad de la obra, aunque efectivamente la alteración se había producido. Condenó a cada una de la partes a atender las costas señalando la posibilidad de impugnar el fallo mediante recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Vizcaya. Y así se hizo.

La Audiencia de Vizcaya desmontó el razonamiento del titular del Juzgado de lo Mercantil nº 1 de Bilbao. El fallo de la Audiencia, a la que recurrió el arquitecto, dice que sí se vulneró el derecho a la integridad de la obra, y que éste “no queda anulado por el interés público” del puente. Pero, en cambio, no le da la razón a Santiago Calatrava en cuanto a la indemnización que pedía, tres millones de euros, y la rechaza por considerarla “absolutamente desproporcionada”.

Finalmente parece ser que Santiago Calatrava tenía razón y aunque no recibirá la millonaria indemnización que pedía, el Ayuntamiento de Bilbao y las dos constructoras fueron condenadas a pagar al arquitecto 30.000 € por la violación del derecho moral a la integridad del Zubi-Zuri.

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