El grafitero misterioso deja Nueva York

Después de un mes diseminando su obra por la ciudad, Banksy deja Nueva York.

Todo empezó con el anuncio en su Web de su proyecto “Better in than out” (mejor dentro que fuera). Y pocas horas después se localizaba el primero de sus grafitis: dos niños con gorras, uno subido encima del otro, intentando alcanzar un bote de spray de un cartel municipal que alertaba de que el grafiti es un delito y está prohibido.

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Un camión cuyo interior fue reconvertido en un jardín y otro que recorrió varias calles con animales de peluche como si fueran al matadero.

Un puesto de venta ambulante en Central Park donde se podían adquirir ejemplares de su obra (que ya comentamos en su día en este Blog), han sido algunas de las acciones con las que Banksy ha conseguido captar la atención, no solo de los habitantes de La Gran Manzana, sino de todos nosotros.

Y mientras algunos debatíamos sobre si las pintadas que iban apareciendo por la ciudad (una rata, la silueta de las Torres, un corazón con tiritas, un hombre con un ramo de claveles en la cortina metálica de un club), debían o no ser destruidas; en pleno corazón de Manhattan, en una pequeña  tienda benéfica llamada  “Housing Works” y fundada en los años ochenta para recaudar fondos para los enfermos de SIDA, Banksy coloca la figura de un oficial nazi en uno de los cuadros. El óleo titulado “La banalidad de la banalidad del mal” fue vendido en menos de ocho horas en una subasta cuya última puja alcanzó los 610.000 dólares (unos 450.000 euros).

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Y dejando de lado en esta ocasión disquisiciones teóricas sobre si Banksy debe o no sacar su arte de las galerías y las casas de subastas para devolverlo a la calle, me pregunto: ¿qué pasa con el derecho a la integridad de la obra del autor del cuadro en el Banksy ha introducido la figura del oficial nazi?

Recordemos que corresponde al autor el derecho a exigir el respeto a la integridad de su obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga un perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación (art. 14.4 del Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual).

Esto implica, no solo que la obra sea conocida tal y como fue concebida por el autor; sino también, que sea mantenida en tal estado hasta que el autor decida (si lo decide) introducir modificaciones o alteraciones en la misma.

El autor tendría derecho a oponerse no a cualquier modificación, sino solo a aquella que suponga un perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación. Un atentado a la reputación de los intereses del autor, sin alteración de la obra, no permite invocar el derecho moral a la integridad de la obra. Y, a la inversa, un atentado a la obra, sin repercusiones en el interés legítimo o reputación del autor, tampoco permite esta protección.

Para determinar cuándo se produce un atentado a la reputación o intereses del autor se estará fundamentalmente a la opinión del propio autor a quién además corresponderá la carga de la prueba.

El verdadero problema estaría en demostrar la existencia de un perjuicio. Y en este sentido, ¿la modificación del cuadro por Banksy implicaría un perjuicio a la reputación del autor de la obra o a sus intereses legítimos?

Desde mi punto de vista, la obra siempre debe ser respetada en la forma y en el fondo. Y la violación del derecho a la integridad se produce no solo por la alteración material (física) de la obra; sino también, por traicionar el pensamiento del autor.

Ahora bien, ese cuadro ha alcanzado un precio de venta que su creador jamás habría soñado; si ha recibido su parte proporcional, probablemente esté encantado de la vida y no sienta en absoluto que su obra ni el espíritu o sentido de la misma haya sido profanado. Por lo que frente al dinero todas estas elucubraciones carecen de sentido.

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Una respuesta a El grafitero misterioso deja Nueva York

  1. Muy intersante tu reflexión. Resulta que las “obras grafiteras” suelen modificar obras que ya existen, es decir, los artistas suelen dibujar sobre una obra ya existente y por lo tanto vulneran el derecho de no alteración de la obra sin la autorización del artista.

    Un saludo,

    Lady Trademark 😉

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