La SGAE me pide un canon por repertorio de canciones

En el grupo “Derecho de la Propiedad Intelectual / Intellectual Property Law “ de LinkedIn un miembro del grupo lanzaba la siguiente pregunta: La SGAE me pide un canon por poner en un acontecimiento, música de autores que gestionan ellos. Mi pregunta es si la SGAE tiene la obligación de aportar una lista con las canciones y sus correspondientes autores que sonaron en el evento para exigirme el cobro o si yo puedo oponerme por algún motivo tipificado en la LPI o similar, un artículo, jurisprudencia, etc…”

Mi respuesta fue la siguiente:

En principio, la comunicación pública de obras ajenas requerirá la autorización de sus autores. Y dicha autorización puede ser obtenida a través de tres vías diferentes:

1º Directamente por el autor, que podrá exigir una contraprestación económica o no.

2º A través de la entidad de gestión que represente al autor: muchos autores ceden este tipo de gestiones a las entidades de gestión colectiva de derechos ya que éstas disponen de medios más eficaces para controlar la explotación secundaria de sus obras. Es decir, en principio, cada vez que la obra de un autor asociado a una entidad se utilice, porque se represente, ejecute, etc., la entidad hará llegar al autor las cantidades que le correspondan por su utilización en aplicación de sus tarifas.

3º Mediante licencia Creative Commons o similar: este tipo de licencias permiten la reutilización de la obra por terceras personas bajo determinadas condiciones. Esto no quiere decir que la obra no esté protegida por los derechos de autor, sino que el autor decide compartir su obra autorizando determinados usos sobre la misma.

El hecho de que un autor esté asociado a una entidad de gestión no impide que éste negocie por su cuenta el uso de ciertas obras por terceras personas, ya que la cesión de derechos que realiza el autor cuando se asocia a la entidad de gestión no es en exclusiva.

En virtud de lo anterior, puede evitarse la intermediación de una entidad de gestión y, por tanto, la aplicación de sus tarifas, si se negocia directamente con el autor o si éste comparte su obra a través de una licencia Creative Commons o similar.

Respecto a la necesidad de pagar una cantidad por el uso de la obra dependerá de cómo esté gestionada. Si es a través de una entidad de gestión, aplicarán sus tarifas. Si se negocia directamente con el autor, éste podrá exigir un pago o no, y si se trata de una licencia Creative Commons, habrá que estar a lo que establezca la propia licencia.

En cuanto a la carga de la prueba, habrá que acreditar en cada caso haber satisfecho el importe del derecho reclamado a otra entidad o al propio autor para vernos liberados de las pretensiones de la SGAE. Y aunque esto es así, como regla general, se podría llegar a “invertir la carga de la prueba” si se demuestra tener la autorización o permiso del autor o autores.

Hay casos interesantes, como el caso “Birdlan”.

En él, la Sociedad General de Autores y Editores demandó al establecimiento salmantino Birdland alegando que utilizaba obras de su repertorio musical. El establecimiento logró demostrar que la música utilizada fue bajada de Internet y bajo licencias libres. La sentencia desestima totalmente la demanda e impone las costas a la SGAE.

En otra Sentencia la SGAE demandó al establecimiento barcelonés “Bar Cuatro”, reclamando el pago de 1.117,65 euros por la utilización de su repertorio. La sentencia declara probado que la música que se utiliza en el local bien es obra del autor Don Eneko Balzatiegui, empleado del local, bien se descarga de Internet, evitándose utilizar el repertorio de la SGAE, a quien finalmente se le condena en costas.

Es clarificador, para terminar, el Fundamento Jurídico Tercero de esta última Sentencia:

“Aun cuando, en principio, cabría presumir que cualquier local de copas abierto al público comunica obras cuyos derechos son gestionados por la SGAE, el demandado ha logrado acreditar que evita utilizar el repertorio de la actora, recurriendo a composiciones de uno de sus empleados o a obras descargadas de Internet de autores que autorizan el acceso libre. Hay que tener presente, en primer lugar, que en el local del demandado se escucha música electrónica de carácter alternativo, muy poco conocida, y que está dirigida a un tipo de público concreto alejado del gran consumidor de temas más o menos comerciales. Los testigos, clientes y empleados del local, corroboran que en CUATRO.COM (nombre erróneo del local usado en la sentencia) sólo se escucha este tipo de música libre, es decir, las obras conocidas como “copyleft” (en contraposición al “copyright”). Con dicha denominación se designa aquellas obras en las que los autores autorizan la libre reproducción y explotación, utilizando Internet como medio de distribución o transmisión. Por todo ello, debe desestimarse íntegramente la demanda”.

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