La Parodia

Una parodia en general es “cualquier imitación burlesca de una cosa seria”.

Para Mussatti “la parodia con respecto a la obra original es algo así como si nos situáramos ante unos espejos cóncavos o convexos, que hacen de las imágenes que reflejen caricaturas, bien figuras alargadas o ensanchadas grotescamente. Sin embargo, a través de esa caricatura infiel, uno mismo reconoce los rasgos de su rostro, sin los que no se hubiera podido producir ese efecto óptico”.

La parodia se aplica desde la antigüedad: “Nacida en Grecia, desde tiempo antiguo cultivada con amor y grandísimo esmero en Italia y en Francia, ya que responde íntimamente al espíritu de estos pueblos, odiada siempre por los literatos, que toleraban mal la parodia de sus propias obras; proscrita por un decreto de Luis XV, dictado para agradar a Voltaire, y declarada nuevamente ilícita por un decreto del mismo rey, alcanza cotas artísticas altísimas, como en Las Nubes de Aristófanes, en La batracomiomaquia traducida por Leopardi, Don Quijote de la Mancha de Cervantes y otras muchísimas obras” (Sentencia 27 de mayo de 1908; sobre la polémica entre D’ Annunzio y Scarpetta, por la parodia que éste último hacía de la obra del primero, Giur. Ital., 1909, vol. LXI, part. II, c. l.).

La Parodia es “algo” que por su propia naturaleza se resiste a ser regulado legalmente. No existe una definición de Parodia en nuestra legislación y aun así nuestra Ley es una de las que más extensamente se ocupa de ella.

La Ley española de Propiedad Intelectual consagra el art. 39 a la parodia: “No será considerada transformación que exija consentimiento del autor la parodia de la obra divulgada, mientras no implique riesgo de confusión con la misma ni se infiera un daño a la obra original o a su autor”.

Pero esta Ley no determina el género de la obra a que puede referirse la parodia, por lo que el precepto se aplicaría, en principio, a cualquier creación intelectual.

En la literatura española la parodia es abundante. Se puede parodiar un género literario determinado utilizando sus rasgos esenciales, exagerándolos y ridiculizándolos como hizo Miguel de Cervantes en su D. Quijote de Mancha: “Cuanto más que, si bien caigo en la cuenta, este vuestro libro no tiene necesidad de ninguna cosa de aquella que decís vos que le falta, porque todo él es una inventiva contra los libros de caballerías, (…)”.

Puede ser objeto de parodia una obra literaria concreta en la que el parodista crea su propia obra empleando para ello una obra literaria ya existente. También puede se puede parodiar un personaje de una obra determinada; no se parodia en este caso la obra completa, sino solamente a algunos de sus personajes a los que se les saca de su contexto original y se les “coloca” en otro contexto diferente y siempre en clave de humor.

Interesante y complejo es el caso de la parodia musical por tener sus propias características, ya que pueden verse afectadas composiciones musicales con o sin letra.

También puede parodiarse la obra audiovisual y aunque menos frecuente la obra artística; como por ejemplo, “Las Meninas Velazqueñas” de Pablo Picasso.

La licitud de la parodia se encuentra justificada en el art. 20.1 a) y b) de la Constitución Española. Pero esta licitud impone ciertos límites: que la obra parodiada esté divulgada, que no exista riesgo de confusión entre la parodia y la obra parodiada, que con la parodia no se infiera un daño a la obra original ni a su autor.

La licitud de la parodia y el respeto a esos límites nos lleva al tema de la naturaleza, ¿es la parodia una obra original o una obra derivada?

No se puede, bajo mi punto de vista, encajar la Parodia en el grupo de obras originales, pero tampoco encaja bien en el de las obras derivadas. Y es que si la principal característica de una obra derivada es que el autor de la misma debe pedir autorización al autor de la obra preexistente y este requisito ya no es necesario, automáticamente deja de tener sentido el seguir hablando de una obra derivada.

Por eso algunos autores hablan de un tercer género en el que solo figuraría la parodia. Un género a medio camino entre las obras originales y las derivadas.

 

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2 respuestas a La Parodia

  1. Hola Antonio,
    Un anuncio o spot publicitario puede ser objeto de protección por la LPI al ser una obra audiovisual. Pero, planteas un tema importante: ¿puede parodiarse este tipo concreto de obra?, ¿es admisible de acuerdo al art. 39 de la LPI?
    El art. 39 de la LPI dice que: “No será considerada transformación que exija consentimiento del autor la parodia de la obra divulgada, mientras no implique riesgo de confusión con la misma ni se infiera un daño a la obra original o a su autor”.
    Uno de los requisitos fundamentales en la parodia para distinguirla del plagio o de una transformación inconsentida es que no exista riesgo de confusión entre la parodia y la obra parodiada. Y también que no se infiera daño a la obra original o a su autor.
    Y eso no es todo, está también la Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad que declara ilícita la publicidad desleal, la cual tendrá el carácter de acto de competencia desleal.
    Por lo que mucho cuidado, es muy fácil que la parodia de un anuncio o spot publicitario pueda implicar cierto descrédito o menosprecio, además de confundir al público consumidor.

  2. Antonio Rodríguez dijo:

    Hola Ruth.
    Gracias por tu articulo, interesante e instructivo., como siempre.
    Una pregunta: ¿se puede parodiar un spot publicitario?

    Muchas gracias.

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