El Derecho de Divulgación y el Derecho de Inédito

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Una postal que Franz Kafka envió a su hermana.| Efe

Ayer publicábamos que “Los Beatles regrasan en un disco con grabaciones inéditas para la BBC”. Hoy vamos a reflexionar sobre el derecho de divulgación y el derecho de inédito que tiene todo autor.

La primera manifestación del derecho moral, antes incluso de proclamar la paternidad o el respeto a la integridad de la obra, se encuentra en la vocación lógica de toda obra: darla a conocer.

Normalmente un creador, por ejemplo un escritor, crea o escribe para que le lean y no para meter su libro una vez escrito en un cajón. La creación es un acto de comunicación y no existe si alguien no lo recibe. Esta comunicación necesita de un emisor (creador), un canal (su forma de arte) y un receptor (el público). Y si falla alguno de estos tres elementos, la comunicación no existe.

Se entiende por divulgación de una obra (art. 4 LPI): “toda expresión de la misma que con el consentimiento del autor, la haga accesible por primera vez al público en cualquier forma”.

El autor tiene, de forma única y exclusiva, la facultad de decidir la divulgación de la obra. Se trata de una facultad discrecional que el autor puede o no ejercer, porque solo a él le corresponde determinar cuándo una obra está lista para que el público la conozca.

Como dice el art. 14. 1 de la LPI: “El autor tiene, de forma única y exclusiva, la facultad de decidir si su obra va a ser divulgada y en que forma”.

El derecho de divulgación es un derecho primario, en el sentido de que precede a los restantes derechos morales y, sobre todo, a los derechos patrimoniales. Con anterioridad al ejercicio de este derecho, la obra forma parte de la esfera íntima del autor y por tanto está excluida de toda explotación económica. Y es cuando sale de esa esfera íntima cuando puede ser susceptible de prerrogativas patrimoniales. Lo que no significa que la facultad de divulgación tenga un carácter pecuniario; habrá que distinguir entre la divulgación que forma parte de las facultades morales y la facultad de explotación económica en que esa divulgación se materializa.

La divulgación es un hecho único e irreversible. Una vez producida, la obra queda divulgada para siempre y comienza su vida pública. Por eso, la divulgación requiere de una expresión o exteriorización, que se manifiesta en la comunicación material y física de la obra al público. Pero no basta con la comunicación a unas pocas personas, es necesario que la obra salga de la esfera íntima del autor de verdad y que llegue al conocimiento del público en general.

No podemos olvidar, la otra cara del derecho de divulgación: el derecho de inédito.

El derecho de inédito expresa el dominio total y absoluto que tiene el autor sobre su obra, durante el periodo anterior a la divulgación. La Ley reconoce al autor la facultad de divulgar, pero no le impone ninguna obligación; por lo que el autor puede decidir libremente entre divulgar la obra una vez creada, aplazar su divulgación o incluso no divulgarla nunca.

Relacionado con el derecho de inédito me interesa lo que ocurre tras la muere el autor. Los herederos podrán ejercitar el derecho de divulgación durante un plazo de 70 años desde la muerte o declaración de fallecimiento del autor.

Pero, ¿qué pasaría si el autor antes de morir dejara constancia de su deseo de mantener su obra inédita?

Franz Kafka, le pidió a su amigo Max Brod que quemara todos sus escritos después de su muerte en 1924, una petición que (por cierto) no fue respetada por su albacea.

Al final, un tribunal israelí ordenó que el archivo del escritor Max Brod, que contiene los textos de Franz Kafka, se transfiera a una biblioteca nacional de Israel (de acuerdo con los deseos de Max Brod).

Después de la invasión de Checoslovaquia por Alemania en 1939, Max Brod emigró a Palestina, llevando consigo el manuscrito de Kafka, una joya, que dejó a su secretaria (Esther Hoffe) cuando murió en 1968.

Max Brod pidió a la señora Hoffe en su testamento que legara su archivo a la Universidad Hebrea de Jerusalén o a la Biblioteca Pública de Tel Aviv u otra institución en Israel.

Pero la secretaria, que murió en 2007, prefirió dejárselo a sus dos hijas; y el archivo de Brod se convirtió en un tema de conflicto entre las instituciones académicas, archivos nacionales alemanes e israelíes y los herederos de la señora Hoffe.

Cuando comenzó el juicio contra los herederos de Esther Hoffe en 2009, Israel exigía todos los documentos, diciendo que era la última voluntad de Max Brod, pero las hijas de Esther argumentaban que Max Brod había donado sus archivos a su madre y ellas podían disponer de los mismos como les viniera en gana.

Evidentemente los escritos de Kafka que tenía Max Brod no podían ser considerados como un regalo de la señora Hoffe a sus niñas y con la sentencia se cumple el deseo de Max Brod de difundir la obra de Kafka.

Pero, ¿qué pasó con los deseos de Franz Kafka?

“Todo lo que se encuentre de mis escritos cuando yo muera (dentro de cajas de libros, en los armarios roperos, en mi mesa de trabajo o en la oficina o en cualquier otro lugar del que tengas noticia o se te ocurra), es decir, diarios, manuscritos, cartas- mías y de los demás-, todo lo dibujado incluso todo lo escrito o dibujado que tú poseas, u otros a quien deberás pedírselo en mi nombre, debe ser quemado de forma inmediata, sin ser leído. Aquellos que posean cartas que no deseen entregarte deben por lo menos obligarse a quemarlas ellos mismos”.

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4 respuestas a El Derecho de Divulgación y el Derecho de Inédito

  1. Pingback: Los libros que se ocultan (derecho de inédito) | Derechos de Autor para escritores.

  2. El autor es quien decide divulgar o mantener inédita su obra. Pero una vez fallecido el autor, no existen realmente mecanismos eficientes que amparen el cumplimiento de su voluntad. De las opciones que disponemos, lo mejor para que la voluntad de inédito del autor sea respetada por los herederos, es que su deseo quede plasmado en testamento.
    Aunque me parece complicado impedir una divulgación no consentida si herederos y albacea se ponen de acuerdo para que vea la luz esa obra que el autor quería mantener en secreto.
    Comentaba a modo de ejemplo y en este mismo post el caso de Franz Kafka, pero desafortunadamente no es un caso aislado
    Por otra parte, podría surgir otro problema relacionado con los deseos del autor por mantener inédita su obra. El artículo 40 de la LPI impone limitaciones al ejercicio del derecho a la divulgación que tienen los herederos, al determinar que: “Si a la muerte o declaración de fallecimiento del autor, sus derechohabientes ejerciesen su derecho a la no divulgación de la obra, en condiciones que vulneren lo dispuesto en el artículo 44 de la Constitución, el Juez podrá ordenar las medidas adecuadas a petición del Estado, las Comunidades Autónomas, las Corporaciones locales, las instituciones públicas de carácter cultural o de cualquier otra persona que tenga un interés legítimo”.
    El legislador entiende que la no divulgación de una obra podría obstaculizar el derecho de acceso a la cultura amparado por el artículo 44 de la Constitución Española. Y establece una vía para que en el caso de producirse una efectiva vulneración de ese artículo 44 los jueces puedan adoptar las medidas que estimen oportunas y que garanticen la divulgación de la obra.

  3. Antonio Rodríguez dijo:

    La Noticia del pasado 29 de noviembre sobre tres cuentos inéditos de J.D. Salinger aparecidos recientemente en Internet, me ha invitado a volver sobre este artículo.
    Según dice la noticia, los tres cuentos se han difundido sin ningún tipo de permiso y contra la voluntad del autor fallecido, que había exigido expresamente que no se publicasen hasta 50 años después de su muerte (2060).
    Al parecer, el original del que procede el pdf difundido en la red es uno de los 25 ejemplares de una edición limitadísima e ilegal que se publico en Londres en 1999. Uno de estos libros fue subastado en eBay y se vendió por ¡27 libras esterlinas! y de él ha salido la copia que circula ilegalmente por la red.
    La primera pregunta es cómo un ejemplar tan raro, un inédito de Salinger, no alcanzó ni siquiera las 30 libras. Quizá sea una prueba palpable de la crisis en la que estamos todos sumidos, o de la escasa credibilidad que las subastas online tiene para los auténticos estudiosos y coleccionistas. No lo se, pero si me hubiera enterado a tiempo creo que yo mismo habría pujado, al menos, hasta las 50 libras.
    La segunda pregunta es si existe alguna forma de perseguir al responsable de la publicación y evitar de cualquier forma esta difusión en contra de la voluntad expresa del autor. ¿Existe el delito? ¿Es perseguible por la ley? El hecho de que el original pertenezca a una edición de 1999, pero ilegal, ¿afecta a la legalidad de esta difusión en Internet?

    Muchas gracias por tu blog. Es la primera vez (que yo sepa) que un profesional del derecho se molesta en contarnos a los autores los vericuetos, las luces y las sombras de una ley que tanto nos afecta y que tan poco conocemos.

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