No todas las fotografías son iguales: Obra fotográfica vs Mera Fotografía

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Un grupo de hombres trasladan los cadáveres de dos niños en Gaza. (20 de noviembre de 2012). / PAUL HANSEN

Las obras fotográficas tienen todos los derechos reconocidos por la Ley a las obras artísticas. Y así queda reflejado en el art. 10.1 h), de la Ley de Propiedad Intelectual cuando dice que serán objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro, comprendiéndose entre ellas las obras fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía.

Mientras tanto las meras fotografías son las fotografías que no constituyen “obra” por no ser una creación original y como tales no se incluyen dentro del Libro I de la Ley, sino en el Libro II titulado “De los otros Derecho de Propiedad Intelectual”. Y dentro de este Libro II, en concreto, en el art. 128.

Al leer el art. 128, vemos como las meras fotografías tienen unos derechos mucho más limitados que las obras fotográficas. En concreto, no tienen derechos morales y a los productores de las mismas no se les considera autores sino realizadores (detalle a tener en cuenta). Por eso es muy importante para los realizadores de meras fotografías, incluir expresamente en los contratos de cesión de su obra la obligatoriedad de mencionar su nombre, pues de lo contrato el cesionario no estaría obligado a hacerlo.

Quien realice una mera fotografía gozará (como dice el tenor literal del art. 128) del derecho exclusivo de autorizar su reproducción, distribución y comunicación pública (pero no la transformación), en los mismos términos que los autores de obras fotográficas. Este derecho tendrá una duración de veinticinco años computados desde el día 1 de enero del año siguiente a la fecha de realización de la fotografía o reproducción (no desde su divulgación o publicación). El plazo de duración es notablemente inferior no solo al derecho de autor sobre la obra fotográfica, sino también a los derechos de propiedad intelectual de los artistas, de productores y de entidades de radiodifusión.

El problema real que se nos plantea está en establecer si una fotografía es una obra fotográfica o una mera fotografía. La Ley no dice nada al respecto y las normas internacionales tampoco aclaran mucho. En cuanto a los tribunales, las resoluciones son diversas y variadas dependiendo  del caso concreto. Parece ser que, cuando se trate de fotografías en las que el fotógrafo se limite a reproducir de forma normal escenas de la vida, minerales, plantas, animales, objetos, paisajes, etc.… estamos ante meras fotografías y en aquellos casos en los que la fotografía plasme la personalidad del autor, su creatividad, originalidad, ingenio o destreza, estamos ante obras fotográficas.

Estoy plenamente convencida de que por muy fortuita o casual que parezca ser una fotografía, toda vez que cumple condiciones específicas y concretas en cuanto a la elección del encuadre, luz y, sobre todo, del instante, es difícil negar que posea -cuanto menos- ciertos fundamentos de creación.

Y estoy pensando esencialmente en el fotoperiodismo que, a pesar de lo que muchos creen, puede tener mucho arte. Por otra parte, cada vez es mayor la aceptación de que el aspecto creativo no interfiere necesariamente en la veracidad del documento. Es más, a menudo es capaz de potenciar la inmersión del espectador en esa realidad que se pretende comunicar. Y al dar una mayor importancia a aspectos como el tipo de iluminación, el encuadre o el contexto de la imagen, la fotografía documental refleja una tendencia que ha definido tradicionalmente a la cultura en sentido amplio: la voluntad, no solo de transmitir una realidad, sino de crear una obra original que conmueva, emocione y perdure en el tiempo.

Hay casos muy sonados como el del fotógrafo sueco Paul Hansen que ganó la 56ª edición del “World Press Photo”, correspondiente a 2012, con la imagen de Gaza. Una imagen que muestra la desesperación de dos hombres palestinos que llevan el cadáver de unos niños envueltos en sábanas. El galardón, para quién no lo sepa, es el más importante de su clase y el jurado quedó impresionado con la forma en que Paul Hansen supo plasmar esa realidad: “Ahí está todo, el dolor y el enfado; la desesperación y la pérdida. La fuerza de la foto radica en ese contraste con la inocencia de los pequeños. No se puede olvidar”, ha dicho Mayu Mohanna, miembro del jurado.

Paul Hansen ganó el “World Press Photo” pero recibió algunas críticas por el tratamiento de la luz en su imagen, que habría acentuado (dicen) la espectacularidad de la foto. Y no lo entiendo, porque aunque la manipulación en la posproducción pudiera cambiar la percepción de la escena y engañar al lector, no es ni mucho menos el caso.

En mi opinión el fotógrafo, especialmente el fotógrafo de prensa, debe hacer muchas elecciones en un solo instante: ahí está su originalidad y su creación. Y no se les puede negar a estos fotógrafos su condición de creadores. Sin duda son autores, no realizadores.

En cualquier caso, toda persona que haga una obra fotográfica o una mera fotografía, sea profesional, aficionado o un niño, debe saber que su obra, de un modo u otro, está protegida por la Ley.

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