¿Perteneció alguna vez “Casablanca” a los hermanos Warner?

Casablanca

¿Queda el título de una obra protegido como parte de ella?

Un título puede ser tan original como para ser considerado una obra en sí mismo. O puede ser parte de la obra a la que da nombre y quedar protegido como parte integrante de la misma.

Cuando el título forma parte de la obra, hay que diferenciar dos aspectos: por una parte, el autor tiene derecho a que la explotación de la obra se haga siempre con el título; por otra, el autor tiene derecho a que el título no se utilice para otras obras sin su permiso.

Una delgada línea separa esta materia del derecho de competencia y del derecho de marcas. Y en este sentido, cabe preguntarse si un título parecido no podría ser utilizado sin problemas para otras obras, siempre y cuando no exista un problema de confusión e intento de aprovechamiento de la fama adquirida por la otra obra.

 

En 1945 los Hermanos Marx anuncian el rodaje de la que sería su duodécima película: “Una Noche en Casablanca”.

Al poco tiempo, reciben una carta de la Warner Brothers exigiéndoles que abandonen de inmediato el uso de la palabra Casablanca por coincidir con el título de su película de 1942 dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.

La respuesta de Groucho  Marx a la Warner Brothers no tiene desperdicio y se basa fundamentalmente en que no pueden ser títulos originales los consistentes en palabras genéricas.

 

Estimados Warner Brothers,

Al parecer hay más de una forma de conquistar una ciudad y mantenerla bajo dominio. Por ejemplo, hasta el momento en que empezamos a hacer esta película, no teníamos ni idea de que la ciudad de Casablanca pertenecía en exclusiva a la Warner Brothers. Sin embargo, a los pocos días de anunciar que íbamos a empezar el rodaje recibimos una larga y amenazante carta legal en la que se nos avisaba de que no podíamos utilizar el nombre “Casablanca”.

Parece ser que en 1471 Ferdinand Balboa Warner, vuestro tatara-tatara-abuelo, mientras buscaba un atajo a la ciudad de Burbank, arribó en las costas de África y, blandiendo su bastón de alpinista (ese que luego convirtió en cien acciones de la compañía), bautizó el lugar con el nombre de Casablanca.

Simplemente no entiendo vuestra actitud. Estoy convencido de que, si volvierais a estrenar vuestra película, el aficionado medio sería capaz de distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo. Yo no sé si podría, pero me gustaría intentarlo.

Afirmáis ser dueños del nombre de Casablanca y que nadie más puede usarlo sin vuestro permiso. ¿Y qué hay de “Hermanos Warner”? ¿También os pertenece? Probablemente tengáis los derechos para usar Warner; pero ¿y Hermanos? Profesionalmente, nosotros éramos hermanos mucho antes que vosotros… e incluso existían otros Hermanos antes de nosotros: Los hermanos Smith, los Karamazov y “Hermano, ¿puede darme una moneda?”

Y tú, Jack Warner ¿Mantienes que tu nombre es original? Pues lo siento, pero no lo es. Ya se usaba incluso antes de que nacieras. Así, de pronto, se me ocurren un par de Jacks: el del cuento de la habichuelas mágicas y  también  Jack el destripador, que ya es sus tiempos era bastante conocido.

(…)

Quiero a los hermanos Warner. Incluso algunos de mis mejores amigos son Hermanos Warner. Tengo el presentimiento de que este intento de impedirnos usar el nombre de Casablanca es fruto de la mente de algún picapleitos malencarado, recién llegado a vuestro departamento legal. Conozco bien a estos tipos, recién salidos de la escuela de derecho, hambrientos de éxito y demasiado ambiciosos como para seguir las leyes naturales del ascenso. Este tipo siniestro manipuló a vuestros abogados,- la mayoría buena gente con pelo negro rizado y trajes cruzados-, para atacarnos. Pues bien, ¡No lo conseguirá! ¡Lucharemos hasta las más altas instancias judiciales! ¡Ningún aventurero jurídico de cara pálida conseguirá hacer mala sangre entre los Hermanos Warner y los Marx! Bajo nuestra piel, todos somos hermanos y seguiremos siendo amigos hasta que la última bobina de “Una Noche en Casablanca” entre en la lata.

Sinceramente

Groucho Marx

 

Parece ser que las palabras de Groucho Marx no surtieron todo el efecto deseado y que la Warner Brothers le exigió una sinopsis de la película. Groucho respondió con una historia tan disparatada que le volvieron a escribir pidiendo una aclaración. Y así lo hizo, mandándoles una historia aún más absurda que la anterior. Supongo que cansados y algo aburridos, la Warner ya no respondió y “Una Noche en Casablanca” se estrenó sin mayores contratiempos en 1946.

 

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