Plagio, Inspiración, Similitud, Coincidencia…

Hace un par de años, la cantante Beyoncé fue formalmente acusada por la conocida coreógrafa belga Anne Teresa De Keersmaeker por “robarle” pasos de baile. Al parecer, existían grandes similitudes entre las coreografías de Keersmaeker y los pasos elegidos por los coreógrafos de Beyoncé para “Countdown”.

Sin embargo, para Beyoncé no era plagio. Eso sí, reconoció sin tapujos que, por supuesto, conocía la coreografía de Anne Teresa De Keersmaeker, y le gustaba; pero solo se había inspirado en ella.

Más reciente es el caso de Park Jae-sang (Psy), creador del “Gangnam style”, acusado también de copiar la coreografía de su nueva canción “Gentelman” a un grupo de chicas llamado Brown Eyed Girls. Si bien es cierto que las coreografías son diferentes en narrativa e intención, también es verdad que el movimiento central es prácticamente idéntico. Pero ¿puede la imitación de un paso convertir en plagio toda una coreografía?

El Diccionario de la Real Academia Española define el plagio como aquella acción de “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”.

Sin embargo, nuestra Ley de Propiedad Intelectual no dice nada. Ni siquiera lo menciona. Si lo hace en cambio, el art. 270 del Código Penal (delitos contra la Propiedad Intelectual), del siguiente modo: “será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de 12 a 24 meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios”.

Como vemos, las Leyes no aportan mucho. Por eso, para decidir si estamos ante un caso de plagio hay que tener en cuenta lo que dice nuestra Jurisprudencia y, sobre todo, estar al caso concreto teniendo muy presente el tipo de obra.

No existen reglas concretas para determinar el plagio. La única manera real de establecer si una obra ha sido objeto de plagio o no es comprobar sensorialmente las obras en litigio.

Para que un trabajo infrinja los derechos de autor tendrá que ser una “copia” en el sentido de que sea sustancialmente similar a una obra protegida. Y deberá haber sido realmente copiada y no el resultado de una simple coincidencia, o del hecho de provenir de una misma fuente que la obra protegida. Al fin y al cabo las fuentes de las que bebemos son las mismas para todos.

En algunas creaciones intelectuales, por su propia naturaleza intrínseca, las similitudes pueden llegar a ser mayores que las invenciones. Y siempre es más fácil determinar el plagio en creaciones puramente intelectuales que en creaciones más técnicas.

En 2008 el grupo Coldplay fue demandado por el guitarrista norteamericano Joe Satriani de haber plagiado su canción “If Could Ffy” (2004) a la hora de componer el muy famoso y premiado “Viva la Vida”. La demanda fue desestimada tras un aparente arreglo entre las partes. Si bien Chris Martin, cantante de Coldplay, había dejado escapar en algún momento que Joe Satriani no había inventado nada…

¿Creación, plagio, similitud casual, coincidencia, inspiración?

Si algo nos ha emocionado ¿es posible eliminarlo de nuestra memoria inconsciente cuando nos sentamos a escribir o a componer? ¿Es ilegítimo partir de algo que nos emociona para crear una nueva obra posterior y consecuente?

Helga Thoene ha estudiado la vinculación de las Partitas para violín de Bach con melodías corales luteranas; y cómo, los versos de “Christ lag in Todesbanden” habrían -supuestamente- de dar lugar a la Ciaccona de la Partita II y servir de tombeau, de epitafio musical, a su recién fallecida esposa. ¿Es ilegítimo? ¿Sería acusado hoy en día Bach de plagio, después de crear una obra con tanta fuerza emocional, aunque si, es cierto, inspirada? Hoy sí, seguro; pero ¿entendería Bach de qué se le acusa?.

El arte, la creación ha ido creciendo aupándose en hombros de gigantes. De los gigantes anteriores y también de los coetáneos. Y lo va a seguir haciendo. Reproduciendo melodías o utilizándolas de base. Citando frases textuales o reproduciendo estructuras. Robar el trabajo de otro creador y reproducirlo sin esfuerzo en la aportación es, presumiblemente, un crimen. Pero, ¿siendo Satriani un guitarrista de prestigio, porqué su versión “original” no triunfó a gran escala y la de Coldplay sí?.

Por último (de momento), merece la pena escuchar este montaje de Hunter Kiyoshi Akin. Solo por reflexionar entre los límites de la inspiración, el homenaje, la casualidad y todo aquello.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Artículos y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s