El más que curioso caso de la restauración del “Ecce Homo” de Borja

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Este culebrón está protagonizado por Cecilia Giménez, una mujer octogenaria vecina de la localidad zaragozana de Borja que de forma espontánea y con muy buena intención restauró un eccehomo de un siglo de antigüedad (pero de escaso valor artístico) y al que ha dejado prácticamente destrozado.

La obra original es una pintura mural de unos 50 centímetros de alto por 40 de ancho que está atribuida a un artista del siglo XIX, Elías García Martínez, natural de Requena y profesor de la Escuela de Arte de Zaragoza.

Lo que más me ha llamado la atención del caso, es que los abogados de la “restauradora”, se hayan planteado pedir una remuneración en concepto de derechos de autor por el uso que se está haciendo de la imagen resultante tras el intento desastroso de restauración de Cecilia.

La Fundación Hospital Santi Spíritus, propietaria del edificio santuario en el que estaba el fresco, a raíz de la expectación levantada por la “restauración”, decidió cobrar a los visitantes 1€.  Y ahora Cecilia quiere su trozo del pastel y que se le reconozcan sus derechos de autor. Al fin y al cabo, el motivo principal de las numerosas visitas que se reciben es ver su trabajo.

Y yo no puedo evitar la sensación de que el tema se le ha ido a alguien de las manos.

En primer lugar, la tarea del restaurador exige grandes conocimientos y criterio, además de mucho esfuerzo y una gran habilidad. Pero el restaurador no es un creador.

El restaurador nos presenta una obra ajena sin tomarse licencias. Nunca produce otra forma expresiva, solo restablece la antigua, en la medida de lo posible.

Por todo ello, un restaurador no puede reclamar remuneración alguna en concepto de derechos de autor. Si podría haber derechos de autor sobre los materiales que un profesional de la restauración hubiera generado a lo largo de todo el proceso (cuadernos de notas, apuntes, esquemas, fotografías…) pero no sobre la restauración en sí, que desaparece en la propia obra restaurada.

Una cuestión muy delicada que afecta a la restauración de las obras de arte es el peligro existente de introducir modificaciones en la obra que impliquen un atentado al derecho a la integridad de la obra de su autor.

La base legal para impedir la restauración que implique una alteración, es la misma norma que protege la integridad de la obra. Es decir, el art. 14. 4 de la Ley de Propiedad Intelectual. Y este artículo, prohíbe cualquier modificación que atente al interés legítimo o reputación del autor.

La violación del derecho a la integridad de la obra puede producirse no solo por la mutilación material de la obra, sino también, por traicionar el pensamiento del autor.

El derecho moral protege la obra para impedir modificaciones dañosas a la reputación de su autor, incluso cuando el autor hubiera permitido la restauración de su obra por una persona distinta a él mismo.

Por eso, es muy importante en cada caso tener en cuenta, además de las circunstancias concretas y específicas, el interés del restaurador frente al del autor.

Si no recuerdo mal, hay un artículo en la Ley Suiza de Derechos de Autor que dice lo siguiente: “Incluso si un tercero está autorizado por contrato o por Ley a modificar la obra o a utilizarla para crear una obra derivada, el autor puede oponerse a toda alteración de la obra que suponga un atentado a su personalidad”.

Si yo fuera abogado de Cecilia procuraría no armar mucho revuelo con el tema no sea que surja alguien (de repente) que alegando tener un interés legítimo la demande por vulneración del derecho a la integridad de la obra. Al fin y al cabo, el carácter perpetuo no puede predicarse de todos los derechos morales, pero si del derecho de paternidad y del derecho a exigir el respeto a la integridad de la obra. Y con perpetuo quiero decir que, a estos efectos, da igual que el autor de la obra haya fallecido y que ésta haya pasado a dominio público.

En cualquier caso, los restauradores de verdad, se enfrentan ahora a todo un reto difícil de superar y que consiste en separar las nuevas capas de pintura de las antiguas, permitiendo que ambas conserven su estructura y puedan verse en el futuro.

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