A propósito de la moda y la Propiedad Intelectual

Como todos nos copiamos unos a otros y el tema es “algo” escurridizo, quizás sea absurdo el debate…

Hace ya algunos años que los legisladores de todo el mundo decidieron que la moda era algo demasiado utilitario como para tener derechos de autor. Y gracias a que no existen derechos de autor, los diseñadores se han visto obligados a elevar la confección y comenzar a crear “arte” en lugar de prendas utilitarias. Convirtiendo la industria de la moda en un sistema donde la creatividad bulle.

Pero, ¿dónde está la frontera?, ¿cuándo algo entra dentro de la categoría de objeto artístico y merece la  pena ser protegido?

Por otra parte, los diseñadores de moda raramente surgen con diseños completamente originales. Al igual que ocurre con otras creaciones intelectuales, casi siempre se toman prestados elementos de otras obras. Y penalizar ese acto frenaría la creación. Es muy difícil encontrar en cualquier expresión del arte, no solo en la moda, una creación de originalidad absoluta y sin referentes.

En España, la ley de Diseño Industrial permite que un diseño se “inspire” en otro, o que siga una tendencia, o incluso que rinda homenaje a un diseño clásico; el problema surge, cuando la prenda toma prestadas demasiadas referencias o características de un original protegido de forma que pueda crear confusión en el consumidor.

En cualquier caso, me resulta curioso como desde el punto de vista de los derechos de autor un creador que replica una obra de otro, estaría cometiendo un plagio; mientras que si un diseñador replica una prenda vintage de otro, eso es una muestra de genialidad.

Me preocupa el celo inquisitivo sobre la obra creada, vigilando siempre que no nos copien, mientras los procesos creativos inconscientes nos llevan, unas veces sin que el propio autor sea consciente, o no del todo consciente, a inspirarnos y de alguna manera copiar las obras de otros. Unas veces es la estructura, otras el tempo, otras un personaje o un tono concreto. O las mezclamos con otras obras en nuestra memoria imperfecta hasta que la receta sabe suficientemente distinto.

Creo que una salida para la acuciante crisis de las industria de la cultura (hay varias) es, fijarse en como la moda ha sobrevivido a este celo y se ha convertido en la más pujante de todas las industrias culturales, seguramente. Y dejar de mirarla por encima del hombro, de esa forma condescendiente en la que algunos artistas miran y tratan a los que consideran artesanos.

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