El Tatuaje: este particular “Corpus Mechanicum” genera conflictos

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Mike Tyson

No es un caso aislado el de Myke Tyson. Rasheed Wallace (jugador de los Pistons) también fue demandado por su tatuador. Y todos conocemos el caso del tatuador de Beckham (Louis Molly) quién anunció una demanda porque éste lucía sus tatuajes públicamente.

En el caso Beckham, la pretensión del tatuador parece razonable si pensamos solo en la propiedad intelectual; pero, ¿no es más razonable pensar que los tatuajes sobre un cuerpo de alguien conocido se van a ver cuando la persona que los lleva camine por la calle o salga por la televisión? ¿No existiría un consentimiento tácito previo a la realización del tatuaje para que el mismo sea utilizado de esta manera “normal” por el famoso?

Es cierto, que la gran mayoría de los tatuajes pueden considerarse obras que encajan en lo que establece el art. 10 de la LPI y, por tanto, ser objeto de propiedad intelectual. Pero cuestión diferente, desde mi punto de vista, sería si los responsables de la imagen de Beckham utilizasen sus tatuajes en camisetas o adornos, o incluso como tatuajes adhesivos para niños. En esos casos, la utilización de la obra si excedería de lo que habitualmente se puede deducir de la relación tatuador-tatuado, suponiendo una infracción de los derechos de propiedad intelectual del autor.

Por ejemplo, en el caso de Rasheed Wallace (el jugador de los Pistons) éste fue demandado por su tatuador por hacer una línea de zapatillas Nike con uno de sus tatuajes. El caso terminó con una transacción extrajudicial en beneficio del tatuador.

Igualmente ocurrió en el caso Beckham y el asunto no llegó a los tribunales. Ambas partes pusieron fin al litigio mediante un acuerdo extrajudicial. Se desconocen los detalles, pero básicamente Beckham pagó una suma desconocida de dinero al tatuador para que éste desistiera de su demanda.

En mi opinión, lo que debería haber hecho Beckham es hacerle firmar un contrato al tatuador por el que se le cedían los derechos de explotación. Me extraña que algo así no se les ocurriera a su legión de abogados…

Por otra parte y no menos curioso, la persona que realizó el tatuaje en la cara del exboxeador Myke Tyson demandó a la Warner Bros con la intención de detener el estreno de la segunda parte de “Resacón en Las Vegas”, en la que uno de los personajes principales de la película luce un tattoo muy similar al de Tyson. Al parecer, el tatuaje que luce el actor en la secuencia es una referencia directa a Tyson, que tuvo un papel secundario en la primera entrega.

El tatuador (Whitmill), muy conocido entre los tatuadores de EEUU consideraba que el diseño que ideó para el rostro de Tyson era “uno de los tatuajes más representativos del país” y en la demanda se razonaban los motivos por los que se considera que hay una infracción por parte del estudio.

Por lo visto, cuando Whitmill creó el tatuaje original, el Sr. Tyson y él acordaron que Whitmill sería el propietario de la obra y por tanto poseedor de los derechos de autor sobre el tatuaje original. La Warner, sin tratar de contactar con Whitmill, ni obtener su permiso copió el tattoo original y lo colocó en el rostro del actor. Y esta acción no autorizada constituía una clara infracción del derecho de autor. Máxime cuando Whitmill incluyó en la demanda copia del registro del tatuaje y la firma de Tyson en la que éste le cede todos los derechos al autor de la obra.

Por cierto, y no solo se reclamaba a la Warner Bros los derechos por la reproducción del famoso tatuaje, sino por todo el merchandising que se realizó sobre este elemento. Como posters, apps para móviles, tazas, etc…

Otro dato relevante es que Whitmill para el diseño del tatuaje de Tyson estuvo estudiando y analizando tatuajes tribales, inspirándose especialmente en los realizados por los Maorís (una etnia polinesia que llegó a las islas de Nueva Zelanda, en el Océano Pacífico Sur, posiblemente de islas más al norte).

Quizás, habría que analizar la originalidad del tatuaje; especialmente cuando éste está basado en líneas tribales, y más específicamente de las realizadas por una tribu de la Polinesia.

Cuando hablamos de conocimiento indígena lo relacionamos con los conocimientos asociados o adquiridos por los ocupantes ancestrales de un territorio. La forma de transmisión de este conocimiento es por la oralidad y sus orígenes pueden deberse a sueños, señales o experiencias vividas. El conocimiento indígena se desarrolla a través de la transmisión, y probable adaptación sobre conocimientos ya existentes, que a su vez son creados, desarrollados y transformados colectivamente.

Si se demostrara que el tatuaje creado por Whitmill se puede integrar dentro del concepto de “conocimiento indígena”, quedaría fuera del aspecto de protección al ser un tipo de obra que de algún modo forma parte del patrimonio y del acervo cultural de un grupo social.

¿Podría haber reivindicado la Warner el controvertido “conocimiento indígena”?

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